martes, 30 de marzo de 2010

Abraham Ortega Aguayo

En la histórica epopeya del Winnipeg muchas veces se olvida a personajes que fueron decisivos en la llegada de los republicanos españoles a Chile. Es el caso de Abraham Ortega, Ministro de Relaciones Exteriores del Gobierno del Frente Popular. Este episodio y la posterior inmigración a Chile de los judíos perseguidos por el nazismo, le costó la vida a este hombre solidario.
Abraham Ortega Aguayo integró el Gabinete de Aguirre Cerda desde el primer día de Gobierno. Además de Ministro de Relaciones Exteriores, subrogó varias carteras incluyendo la de Interior, o sea la vicepresidencia de la nación. Antes de asumir como Ministro ya era un personaje conocido y muy querido por la ciudadanía. De profesión abogado, había sido Intendente de Concepción, presidente de la Federación de Fútbol de Chile y un destacado dirigente del Partido Radical.
Ortega manejó con tino las Relaciones internacionales de Chile. Fue un hombre de carácter, enérgico, realizador, que abordó con decisión la tarea de cambiar la fisonomía de su Ministerio para hacerlo servir de verdad los intereses chilenos. Limpió esa repartición deshaciéndose del fardo tradicional de diplomáticos y secretarios que sólo representaban los intereses de la alta burguesía.
Sin embargo, su faceta de hombre solidario, la que queremos subrayar, destacó por sobre otras que algún día la historia reseñará. Esta característica de Ortega queda reflejada en un capítulo de su biografía, la acontecida el 4 de julio de 1939, cuando decidió renunciar a su cargo al ver que el Presidente Aguirre flaqueaba en su proyecto de asilar españoles republicanos.
Aquel día, después de hablar por teléfono con Pablo Neruda, el cónsul especial para la inmigración española en Francia, el Ministro Ortega presentó su renuncia al Gabinete. Al día siguiente, en los medios políticos circularon fuertes rumores de una renuncia colectiva del Ministerio solidarizándose con su actitud. Al mediodía del 5 de julio, felizmente ya había quedado solucionada la controversia producida al interior del Gobierno. El Presidente Aguirre Cerda analizó detenidamente la diferencia suscitada acerca del procedimiento para la inmigración de los refugiados españoles en Francia y reconsideró la situación. Las aguas volvían a su cauce y los republicanos españoles podían viajar a Chile. El Consejo de Ministros estuvo de acuerdo en que el Canciller debía retirar su renuncia. No había motivos fundamentales para insistir en ella.
El derecho de asilo se siguió respetando en Chile bajo el amparo del Ministro Ortega. Después de la inmigración española, fueron los judíos perseguidos en la Alemania nazi los que necesitaban refugio. Esta labor la acometió el Gobierno del Frente Popular. Sin embargo, estuvo manchada por un siniestro y público escándalo. Tanto en Brasil, Uruguay y en la misma Alemania, se crearon verdaderas mafias que cobraban considerables cantidades de dinero por la firma de visados a los judíos.

El 14 de mayo de 1940, a más de tres meses de haber dejado el cargo de Ministro, Ortega fue objeto de una acusación constitucional en la Cámara de Diputados. La presentó Jorge González von Marées, dirigente máximo de la Vanguardia Popular Socialista, partido que encubría al Movimiento Nacional Socialista de Chile. El jefe nazi y otros nueve diputados del mismo partido, lo acusaban de los delitos de concusión, atropello a las leyes y de haber comprometido gravemente el honor de la Nación en el ejercicio de su cargo. El libelo señalaba que en Alemania, a un grupo de judíos que solicitaban emigrar a Chile, se les había cobrado altas sumas de dinero por la visación de sus pasaportes.
Uno de los párrafos de la denuncia señalaba que: La premura del tiempo nos impide exponer en detalle todos los antecedentes de este enorme escándalo, pero en el curso de la tramitación de la presente acusación presentaremos a esta H. Corporación las pruebas irrefutables de la gravísima culpabilidad que afecta al ex Ministro nombrado. Es decir, los acusadores se eximían de dar los principales motivo para una acusación; los antecedentes y las pruebas. La acusación, presentada fuera de los plazos legales y sin fundamentos concretos, se tramitó con una celeridad desacostumbrada. Al día siguiente de su presentación ya se formaba una Comisión Investigadora, integrada, sorprendentemente, por dos diputados radicales (el partido del ex ministro); dos de derechas y presidida por un diputado de la Vanguardia Popular Socialista, el partido que dirigía el acusador.
Abraham Ortega, quien podía haber impugnado la denuncia por haber sido presentada con vacíos legales, envió por escrito su primer descargo ante la Comisión. En él señalaba que: Aunque esta acusación ha sido presentada fuera de plazo y no se funda en hecho concreto alguno y está concebida en términos absolutamente vagos, hago abstracción de estas circunstancias y vengo a ponerme, de intermedio, a la disposición de la Honorable Comisión...
En la Cámara de Diputados, el Frente Popular gobernante no contaba con una mayoría parlamentaria, y aunque la Comisión Investigadora no pudo probar la participación del ex Ministro en los hechos imputados, y por tanto, no fue posible acusarlo del delito de concusión, si se le mantuvo la acusación por atropello a las leyes y por haber comprometido el honor nacional. En una votación netamente política, votaron contra Abraham Ortega los tres diputados nazis, los de Falange Nacional y todos los diputados derechistas en bloque.
La siguiente tramitación de la acusación le correspondía al Senado de la República. En esa instancia ya se conocía el origen de "las pruebas irrefutables de la gravísima culpabilidad que afecta al ex Ministro". Así lo señala el diario Frente Popular, (Santiago, 20 de Junio de 1940)

El oficio confidencial Nº 165-31, principal arma de la Derecha, es un documento falsificado.
González von Marées lo exhibió como una prueba abrumadora en la Cámara.
Los "formidables" antecedentes documentales que exhibió el diputado González von Marées en la Cámara para probar la responsabilidad del ex Ministro de Relaciones, señor Abraham Ortega, en las irregularidades que se habrían cometido en la internación de judíos, han resultado ser falsos. Así quedó fehacientemente comprobado en el seno de la Comisión del Senado que conoce la acusación.
Se demostró que el oficio confidencial Nª 165-31 que citó el señor González, como prueba abrumadora, no fue despachado por el ex Cónsul señor Vergara, de modo que no pudo llegar a conocimiento del ex Canciller que, desde luego, no se impuso de los denuncios que allí se habrían hecho.

En la misma página, interrogado Abraham Ortega al respecto, el ex Ministro declaraba:

He sabido que González von Mareés no atribuye ninguna importancia al oficio Nª 165-31. Me extraña esta declaración suya, sobre todo cuando gastó gran parte de su tiempo en la Cámara y en las comisiones en señalarlo como la demostración más rotunda de mi culpabilidad. Igual cosa hicieron otros parlamentarios de Derecha al fundar su voto.
Como saben, el ex Cónsul señor Vergara, sostuvo que en ese oficio puso en mi conocimiento las graves irregularidades que se estaban cometiendo en la internación de judíos. Investigaciones posteriores demostraron que ese documento no había salido del consulado de Bremen ni había sido recibido tampoco en la Cancillería.
Un examen del timbre empleado en esa comunicación establece que no es el mismo que se usa habitualmente para protocolizar la correspondencia oficial. El señor Vergara pretendió justificar este hecho diciendo que en el Consulado existían dos timbres; pero una nueva investigación demostró que en Bremen no se utilizaba más que uno.
Por otra parte, los caracteres de la escritura no correspondían a los rasgos de la máquina de propiedad del Consulado; luego, confrontándose el oficio con la correspondencia particular del señor Vergara. quedó en claro que el documento había sido escrito en una máquina que pertenecía al señor Vergara.
No es extraño entonces, que la "formidable prueba documental" hubiese sido hecha en Chile, lo que en sí revela el verdadero fondo de la acusación deducida en mi contra.
Hay más, por acuerdo de la Cámara debían sostener la acusación los señores González, Boizard y Fuenzalida. Estos dos últimos parlamentarios asistieron una sola vez a la Comisión del Senado, y se limitaron a hacer algunas preguntas sin mayor trascendencia, lo que demuestra su poca fe en los fundamentos de la acusación.

La investigación también demostró que en Alemania se había creado una organización judía, que a través de agentes en Uruguay y Brasil, cobraban cantidades de dinero por las visas.
"Miente que algo queda", señala un refrán popular. Abraham Ortega, por su atinado desempeño en varias carteras del Gabinete presidencial, por su carisma y por el cariño que le profesaba la ciudadanía, estaba destinado a ser el sucesor de Aguirre Cerda en la presidencia. Sin embargo, la vil acusación en su contra y la diabetes que lo aquejaba desde hacía un tiempo, le provocó un agravamiento al debilitarse su estado nervioso; murió algunos años después sin haber recibido la reparación debida a su persona. Esa fue la venganza de los nazis y de la derecha chilena por haber dado asilo en Chile a miles de republicanos españoles y judíos perseguidos por Hitler. Y no es una afirmación gratuita, también lo piensa así su familia.
En el mes de junio de 1999, en Barcelona, tuve oportunidad de conocer a Verónica Aranda Ortega, nieta de Abraham Ortega. No pude evitar preguntarle por su abuelo:
Mi abuelo era radical y era masón. Cada vez que me preguntan por él, lo único que puedo decir es que estoy muy orgullosa de ser nieta de un hombre como él, que fue tan consecuente con sus principios. Siempre oímos hablar de mi abuelo por mi abuela. Ella siempre hablaba de él como si estuviera vivo. Pero uno, de pequeña, cuando siente hablar tanto de algo lo interioriza y es parte de ti. Solamente cuando llegas a una cierta edad le tomas el valor y el peso de lo que hizo, de lo que fue... Mi abuela siempre nos dijo que a mi abuelo lo había matado la derecha. Él tenía diabetes. Ayudó mucho a la gente, tanto de Chile como a los que venía de afuera, los catalanes o vascos que vinieron en el Winnipeg. El Gobierno en que él participó era un Gobierno difícil en el sentido de que tenían una derecha presionando constantemente en las distintas labores que ellos realizaban. De hecho a mi abuelo se le tildaba como "El Rojillo Ortega".
La derecha acusó a mi abuelo de que él cobraba a los pasajeros del Winnipeg para conseguirles un trabajo. Lo acusaron de que tenía fortunas en un banco de Suiza. Le hicieron un juicio en el que no se probó absolutamente nada. A partir de ahí, él cayó gravemente enfermo y ya no se recuperó. Por eso mi abuela culpa de su muerte a la derecha.

Para la familia Ortega, la acusación resultó un vil, triste e inolvidable golpe bajo. De un testimonio de Renato Ortega Fenner, hijo del ex Ministro, hecho a su hermana Isabel, rescatamos algunos dolorosos recuerdos:
Todos nosotros, incluidos papá y mamá, sufrimos lo indecible. Ellos no podían creer que tal cosa tan injusta y bellaca podía suceder y pretendieran con ella desmoronar a un hombre de la integridad de Don Abraham. Él se había entregado por entero a proteger a gente perteneciente a un pueblo que sufría tanto como el pueblo judío. Recuerdo claramente que él nos contaba los escalofriantes sufrimiento de esa gente. Incluso recuerdo que una noche como a las dos de la mañana se levantó y se dirigió al ministerio porque le avisaron que una familia se encontraba al garete, cerca de Valparaíso en una bote que habían bajado porque el barco continuaba a Argentina por el Cabo de Hornos y esa familia no tenía visa para Chile, pero quería llegar acá. El viejo se movilizó y le concedió la visa y salvó la vida a esa gente, cuatro niños incluidos.
Hasta el día de hoy, Abraham Ortega no ha recibido una digna reparación por la afrenta sufrida. La Cámara de Diputados y su propio partido político no han sabido rescatar y reivindicar su memoria. Su hijo Renato se lamenta con mucha razón de tal olvido:
Deberíamos haber tenido la alegría de haber visto cumplida la justicia, y eso no sucedió. El único consuelo, si así puede llamarse, se vino hacer presente justo diez años después en sus funerales, a los que asistió una verdadera muchedumbre, formada por sus amigos, por los que recibieron favores de un hombre magnífico que lo hacía sin pedir nada en cambio, por gente modesta que recibió de él quizá cuantas cosas que nosotros ignorábamos. Fue impresionante escuchar los discursos que nos hacían parar los pelos, porque se percibían sinceros, queridos, admirativos. Uno en especial, el de Juan Bautista Rossetti, ex Ministro de Relaciones, Senador, Ministro etc. se refirió a la vida del papá en una forma tal, que nos hizo llorar a todos. Se refirió a la acusación constitucional y dijo que ella había sido el acto político más sucio del nacismo y de la derecha chilena, pero que Abraham Ortega tuvo una actitud muy digna, muy propia de él, que lo elevó por sobre sus acusadores mentirosos.

Juan Bautista Rossetti, quien estuvo a su lado, mediando con el Presidente durante las tensas horas posteriores su renuncia, por defender a los exiliados españoles; fue su mayor defensor durante las tristes horas de la acusación constitucional. El 24 de mayo de 1940, durante la Sesión de la tarde de la Cámara de Diputados, dirigiéndose a González von Mareés, jefe de la Vanguardia Popular Socialista, le manifestó: que un hombre justo no podía proceder como éste lo ha hecho, o sea, informando o dando a conocer lo que le favorece y callando acerca de lo que pueda favorecer al acusado; ocultando hechos fundamentales para establecer su inculpabilidad. Comprendo el deseo que pueda existir en una batalla política de abatir a un adversario, pero tratar, sin tener pruebas, de marcar a un hombre que parece caído, es monstruoso.
Al día siguiente de la sesión, la página 13 del diario El Mercurio traía la información que daba cuenta del precio pagado por Rossetti:
La Prefectura General de Carabineros nos informó que anoche, más o menos a las 10,30, en la Avenida O'Higgins esquina de Bandera, un grupo de jóvenes atacó al diputado, don Juan B. Rossetti, a quien hirieron de gravedad en la cabeza de una pedrada... Por otra parte, en la Prefectura de Investigaciones se nos dijo que el hermano del parlamentario mencionado, don José Rossetti, se había presentado a ese cuartel a denunciar lo ocurrido, acusando del asalto a elementos vanguardistas, denuncia que será puesta hoy en conocimiento del Juzgado del Crimen.

Eran otros tiempos y otras formas de hacer política. No ha habido grandes cambios al respecto. Tendremos que asumir que los partidos políticos, incluso los gobiernos de turno, están formados por personas, que muchas veces empañan la colectividad y otras sobresalen por sobre las tendencias imperantes.
Hace ya unos meses, en septiembre del año pasado, en el Palacio de La Moneda se conmemoraron los setenta años de la llegada del Winnipeg a Chile. En su discurso, la ex Presidenta Michelle Bachelet destacó la labor en esta gesta del Presidente Pedro Aguirre Cerda y de su Ministro de Relaciones Exteriores don Abraham Ortega Aguayo. En ese acto, al que asistía Isabel Ortega, hija del ex Ministro, se escuchó por primera vez un tímido reconocimiento oficial a un hombre solidario, que fue artífice de una de las más integradoras inmigraciones recibidas por Chile.

jueves, 4 de marzo de 2010

Chile, la tierra se mueve


A todos mis amigos
         Hace sólo unas horas que tenemos electricidad en el pueblo en que vivo. Estaba incomunicado, por casi seis días, y angustiado por no poder hacer nada útil. Al volver la luz, volvió también la esperanza y la comunicación con familiares y amigos. Quiero agradecer todos los saludos y la preocupación por mi y por mi familia y sobre todo, por éste sufrido país. A Jorge y Raquel, al Pere Pallares, a Juan Manuel Patón, con Ana e hijos, a Angels Martínez, a Felipe Sérvulo, a Idoia Verdini, todos ellos en Castelldefels; A Xavi Iglesias, en Sant Cugat del Valles, a Eduardo Mayans y familia, un amigo de hace muchos años, ahora de retorno a Barcelona, A mi hermano Roberto Farías en Torrevieja, a mis amigos José Carlos Rovira, en Alicante y Enrique Robertson, en Bielefield, Alemania, a Gunther Castanedo, donde quiera que esté, a Marcelita Reed, en EE.UU., a mi querida Inma Casas, en Zaragoza. Son varios más, no me olvido de ellos. Gracias a todos.
         A nivel personal debo contarles que el susto fue de muerte. Mi madre, un hermano, una hermana y un sobrino, estaban pasando el fin de semana en Pelluhue, uno de los pueblos más afectados, en el mismo epicentro del terremoto. Recién el día domingo supimos de ellos. Estaban bien y venían camino de Santiago, habían dormido dos días en los cerros, pasaron hambre y frío, pero salieron ilesos y ya están con nosotros. Los dos días que pasamos sin tener noticias fueron angustiantes.
         Durante estos días hemos vivido horas de angustia y de dolor. También hemos vivido muchos actos de coraje y heroísmo, como aquel bombero que, después de haber perdido a su esposa, su hija y su hermano, no ha dejado de trabajar por su comunidad en Constitución. O como la señora Fresia, que en su casa de Pelluhue tiene albergado a decenas de personas que han perdido a su familia, su casa y sus enseres. Son muchos los casos dignos de admiración. En estos eventos es cuando aflora lo que llamamos "la condición humana". Aflora con sus virtudes y defectos.
         Con la misma humildad y cariño con que quiero reflejar mi agradecimiento a los amigos y a los héroes anónimos, quiero hacer notar mi ira y mi desprecio, mi odio y mi repulsa por aquellos que han denigrado esa condición humana. Por aquellos que han saqueado las tiendas, no con comestibles, sino que con electrodomésticos; por aquellos que, después de robar, han incendiado almacenes con personas dentro. Para aquellos hijos de puta (es posible que sus madres no lo sean, pero ellos si que son unos hijos de puta), mi absoluto desprecio.
         Mi ira y mi repulsa por aquellos comerciantes que se aprovechan de una catástrofe para subir los precios de los comestibles, esos merecerían ser saqueados. Mi protesta contra aquellos que construyeron viviendas y edificios con absoluta falta a las normas de construcción, a la moral y a la ética. La norma chilena contempla un coeficiente antisísmico para un terremoto de grado 9. La prueba de ello es que la mayoría de las edificaciones no se cayeron ni sufrieron daños. Se cayeron las que estaban mal construidas, las que, por orden de los inversores, ahorraron en la calidad de los materiales y en los estudios de suelo. No se puede argumentar, tan cínicamente, que "esto en un sismo nunca visto", porque, sencillamente, no es cierto.
         Mi odio y mi desprecio para aquellos políticos que han querido sacar provecho de esta situación, mintiendo y denigrando a nuestra presidenta y a su Gobierno; para aquellos políticos que, sentados cómodamente en su casa, hacían declaraciones de protesta por la demora en la ayuda a "su región", mientras ellos no se movían para ayudar a "su región". Mi indignación por aquellos que mienten y que, como Pilatos, se lavan las manos. Ahora, poco a poco, comenzamos a saber la verdad. La Presidenta no contó a tiempo con naves de la Fuerza Aérea para sobrevolar las zonas devastadas. No contó a tiempo con personal del ejército para declarar Estado de Catástrofe y poder implantar el toque de queda. La Oficina Nacional de Emergencia no contó a tiempo con el informe de la Armada de Chile para dar la alerta de sunami. Estos mismos políticos y personajillos, son los que, en sus primeras declaraciones, culparon al Gobierno por una serie de errores, haciéndose eco de ellos gran parte de la población.
         No soy partidario de la coalición de Gobierno, estoy muy lejos de ello. Pero tampoco soy partidario de aquellos políticos que mienten descaradamente para sacar partido. Son los mismos que, en los últimos años, siempre hablan en nombre del pueblo y creen ser dueños de la verdad, esos que tan a menudo dicen: "lo que quieren los chilenos es...." y ni siquiera conocen al pueblo chileno. Son los mismos de siempre, los que no se les caen las casas con un terremoto, los que no sufren las crisis, a los que no les falta la medicina ni la educación privada para sus hijos.
         En mi pequeño pueblo, dentro de la Región Metropolitana, donde hay aun muchas casas de adobe, el terremoto se hizo sentir con mucha violencia. Se cayeron casas, otras quedaron a punto de caer. Cayeron escuelas y está a punto de caer la torre de la iglesia. También aquí afloró la diversidad de la condición humana. Me llamó la atención la pasividad de las autoridades. El día sábado y el domingo, la municipalidad (Ayuntamiento) permaneció con sus puertas cerradas. No había una oficina de información, ni de socorro, ni de ayuda para las comunicaciones. Recién el lunes, cuando en la puerta ya había una larga fila de personas damnificadas, las autoridades se reunieron para decidir hacer un catastro de las casas afectadas por el sismo. Por cierto, como técnico me ofrecí voluntario para hacer ese trabajo o cualquier otro. Tomaron mis datos y aun espero que me llamen.
         El día domingo fui a cargar mi teléfono móvil en la Comisaría de Carabineros, también a preguntar si tenían comunicación con Pelluhue, donde estaba mi familia. En el mismo momento en que me decían que no tenían forma de comunicarse, escuchaba por la radio interna que hablaban con Pelluhue. Al volver a casa, entré en un bar de la plaza del pueblo -ahí tenían electricidad-, para ver las noticias que trasmitía la televisión. Es un bar donde he comido muchas veces. El dueño me miro y me hizo un gesto de desagrado, si no consumía algo no podías estar viendo la TV. Es posible que sangre por la herida, que hable con rabia y con ira, pero son hechos y los hechos son indesmentibles. También en mi pueblo hay voluntarios, también hay solidarios, (en este momento mi hermano y mi sobrino viajan a Pelluhue con una caravana de camiones cargados de ayuda, estoy muy orgulloso de ellos), pero los hijos de puta se hacen notar más que los otros.
         A propósito de solidaridad, amigos, reitero, no necesito nada, estoy bien, pero en mi pueblo hay gente que necesita ayuda para reconstruir sus casa. Ya he propuesto a algunas personas un plan de acción. Espero la colaboración de todos vosotros