jueves, 22 de marzo de 2012

23 de Marzo


Ya no me acuerdo cuándo fue, cuándo será

que fuimos hijo y padre. Cuándo

fuimos dos y cuando fuimos uno.

Aún yo soy un niño andando de su mano.

Aún no doy el primer paso hasta sus pies.

Aún no he nacido, y él me mira

en los ojos de mi madre. Aún no existo,

y ya sé que siempre he de buscarlo,

en los límites del mundo y de mí mismo.


Tengo ante mí dos manos arrugadas.

Tocar mi mano es como tocar tus propias manos,

aprisionando un martillo y un sueño.

Contigo tuve pan y hermanos.

Y con mi madre tuvimos rostro y dueño.

domingo, 18 de marzo de 2012

Soneto de suavidad (A Olguita Burgos) UN POEMA DESCONOCIDO DE JUVENCIO VALLE


Es muy conocida la vocación para ejercer de cupido que tenía Pablo Neruda. Ha concertado no pocos matrimonios, algunos más afortunados que otros. Él mismo se define en una Oda: "Yo soy un buen poeta casamentero. Tengo novias para todos los hombre". Y ésta definición no sólo obedece al poder magnético que ejercieron y siguen ejerciendo entre los jóvenes sus Veinte poemas de amor. Algunos de sus más cercanos amigos se casaron por tenerlo como cómplice en sus aventuras amorosas. Otros, más osados, se casaron con alguna antigua novia del poeta. Es el caso de Ángel Cruchaga Santa María, quien se casó con Albertina Azócar, o el caso de Homero Arce, quien después de secuestrar las cartas amorosas que enviaba el poeta desde Oriente a Laurita Arrué, se casó con ella. Muchos críticos y biógrafos del Premio Nobel señalan a Albertina y a Laurita como destinatarias de varios de los encendidos versos contenidos en los Veinte poemas de amor.

En el año 2007, un novedoso artículo del doctor Gunther Castanedo, nos descubría otra musa, como posible destinataria de tan efusivos versos.[1]

Olga Margarita Burgos Avaria nació en Talca, en 1907, y pasó su infancia en Linares. Aunque apasionada por la pintura, los libros y la literatura, en Santiago se graduó de Odontóloga en 1928. Por aquellos años fue una de las pocas mujeres en conseguir ese título.

Su relación con Neruda comenzó después de leer Crepusculario, el primer libro del poeta. Tanto le gustó la obra que escribió al editor con sus valoraciones y críticas para que se la hiciera llegar al poeta. La respuesta de éste fue: ¿Por qué no se la entrega personalmente al autor? Eso hizo y así comenzó una amistad entre ellos. El primer día Neruda le firmó el ejemplar de su libro: A Olga Margarita en el tiempo de las violetas, y salieron a la calle donde el vate le compró un ramo de violetas. Era el año 1923.

La relación fue intensa pero corta, no más de un año. Neruda, en 1927, partiría a Oriente. A su vuelta, en 1932, ya casado, volvió a encontrarse con la dentista. En agosto de 1933, en uno de sus paseos se encontraron con su amigo, el poeta Yolando Pino Saavedra. Pablo le dijo: Me voy a Buenos Aires... si puedes cuídame a la niña....

Yolando Pino cumplió cabalmente el encargo; se casó con Olguita al año siguiente y se fueron a vivir al departamento que Neruda dejara en la calle Catedral, N°1165.

Podemos, con esta historia, permitirnos una licencia prosaica, en relación al poeta Juvencio Valle? Hasta aquí, rotundamente, no. Sin embargo, hurgando en viejos recortes de la sección Referencias Críticas de la Biblioteca Nacional, encontramos una antigua revista que contiene un desconocido soneto de Juvencio dedicado a Olguita Burgos.

Olguita Burgos, seda,

suavidad milagrosa,

musgo del alma, greda

donde el agua se goza.

Rumor de fronda leda

que esparce rumorosa

canciones de arboleda,

palabra de las hojas.

Olguita Burgos Avaria,

rosal y mariposa,

gloriosa pasionaria

que mis sueños deshojan,

cómo me es necesaria

tu luz maravillosa.[2]

Es un soneto muy sugestivo. Se diría que está escrito por un enamorado a su amada. No sabemos hasta dónde llegó el encantamiento que producía esa luz maravillosa en el poeta.

Desde marzo de 1933, mes en que Juvencio Valle se radicó definitivamente en Santiago, hasta agosto del mismo año, mes en que Neruda hizo el encargo a su amigo Yolando Pino, podemos suponer que Juvencio se enamoró de la dentista.

Sabemos que la amistad entre el poeta de Bolonto y Olguita Burgos se mantuvo durante toda la vida. La musa del inspirado soneto de suavidad, falleció en Santiago, en 1998, sólo un año antes que Juvencio Valle.


[1]Olga Margarita Burgos, la dentista que surgió del frío. Gunther Castanedo Pfeiffer. Revista Cantabria Dental Nº 5, Santander, España, septiembre 2007, pp. 6-11; También en: Revista Nerudiana Nº 4, Santiago, Chile, diciembre 2007.

[2]Soneto de suavidad (A Olguita Burgos). Juvencio Valle. Revista Boceto Nº 10, Santiago, año IV, 12 octubre 1934. p.16